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Robert y Miquel. Un tratamiento infantil con Terapia Craneosacral

Nos vienen a ver los padres de Robert y Miquel, son gemelos y tienen un año y medio. Les han hablado de la Terapia Cráneo-sacral y creen que les podemos ayudar. Están muy preocupados porque los niños han sido diagnosticados formalmente como autistas.
Los niños se encuentran bien de salud según todas las analíticas, pero parecen tener dificultades en comunicarse e interaccionar con las personas de su alrededor. No hablan y no exteriorizan sentimientos. A primera vista parecen muy introvertidos, pero reaccionan bien a los estímulos exteriores. Ellos parecen estar en su mundo y se entienden muy bien sin palabras.

Embarazo y parto
Embarazo sin problemas hasta el 8º mes, en que la madre empieza a tener contracciones. Es fin de semana y su ginecólogo no está. Le ponen una inyección para retrasar el parto hasta el lunes, pero el domingo rompe aguas y hay que hacer cesárea urgente. Robert está casi asfixiado. Después pasan tres semanas de incubadora, la madre no los puede ver hasta pasados 20 días ya que ha quedado muy debilitada. Además, el proceso en la incubadora se complica con un “virus de quirófano”.
Después de pasar por todo esto, lo normal es que los niños presentasen un claro nivel de trauma.

Tratamiento
Al principio nos costó un poco poder conseguir su confianza, ya que rechazaban el contacto físico, después de una hora de juegos y canciones, conseguimos trabajarles con buenas respuestas.
Esto se repitió durante varias sesiones. Más adelante, los padres nos comentaron que ambos estaban más comunicativos y cariñosos. Les sugerimos buscar una guardería, donde estuvieran en clases separadas, para que aprendiesen a tener contacto con otros niños y no solo entre ellos, y donde fuesen tratados con toda normalidad porque no veíamos signos de ninguna alteración, dado que el ritmo craneosacral era correcto.

A medida que avanzamos en el tratamiento se van viendo resultados claros. En la guardería, prestan más atención a las actividades de la clase y participan en los juegos con los otros niños. Muestran mucho interés en comunicarse. Juegan mucho entre ellos, se dan besitos y se pelean menos que antes. También se relacionan con sus primos, y comparten cosas con el resto de la familia.

Los padres siguen el trabajo con mucha emoción y son un gran apoyo.
Empiezan a pronunciar las palabras con claridad. Dicen su nombre y apellidos. Se ayudan mutuamente en los tratamientos. Nos sorprenden subiéndose a la camilla y poniendo sus manos en las zonas de bloqueo, indicándonos los puntos que debemos tratar. Son muy conscientes, de forma intuitiva, del trabajo que se está realizando. Al terminar las sesiones, no quieren marcharse porque se encuentran muy a gusto.

Los dos se han adaptado perfectamente a la guardería y siguen el mismo ritmo de los demás niños. Mantienen una comunicación fluida con su entorno. Reparten los caramelos en su cumpleaños. Se cuidan mucho el uno al otro. Van mostrando carácter propio, cada uno el suyo. Un hermano es más lento en el aprendizaje, pero lo compensa poniendo mucho más esfuerzo.
El tratamiento se compuso de 23 sesiones en total, a lo largo de unos dos años. Todo el proceso se complementó con Flores de Bach.
Finalmente, después de muchas pruebas, en el hospital les diagnostican oficialmente que los niños no son autistas, ni lo fueron nunca.

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